• Juan Manuel Contreras

Descarbonicemos

Un tema relevante de la discusión del sector eléctrico es la descarbonización de la matriz eléctrica. El gobierno diseña un plan de cierre de las centrales a carbón al año 2040, y con entusiasmo anuncia que la fecha se adelantará, y los programas de gobierno compiten por definir fechas más tempranas para la descarbonizacióParalelamente, se tramita en el congreso un proyecto de ley que prohíbe las inyecciones de centrales térmicas (carbón, gas y diésel), a partir de enero del 2030.

Tal como se ha aplicado el plan de retiro de las centrales de carbón, se las saca de despacho y se las incorpora en un estado de hibernación, llamado reserva estratégica, así, quedan comprometidas para ser llamadas de vuelta a generar, cuando las condiciones del sistema sean estrechas.

Mientras, la realidad de nuestra matriz eléctrica es que las centrales eólicas y solares aportan poco más del 20% de la generación anual y las centrales térmicas superan el 55%. El carbón es responsable de entre 35 y 40% de la generación. Es decir, estamos lejos de las metas que se plantean, y en el sector eléctrico, lo que pasará en los próximos años está casi todo jugado con lo que se ha hecho hoy.

La descarbonización tiene dos efectos contrapuestos. Por un lado, la disminución de los gases y partículas contaminantes emitidos a la atmósfera y, por otro, el aumento de los precios a usuarios finales, libres y regulados, como consecuencia de intervenir el mercado eléctrico de manera forzada. En este sentido, se debe tener especial consideración de no provocar un incremento desmedido de costos marginales y cargos sistémicos, por los efectos económicos que ocasiona.

La descarbonización debe ser un proceso con una trayectoria bajo control, con las señales correctas para viabilizar la incorporación de las instalaciones requeridas. Habrá una primera etapa, de sustitución de la generación más contaminante del sistema -el carbón-, por las mejores alternativas disponibles, incluido el Gas Natural, para posteriormente sustituir las centrales a base de Gas Natural, hasta llegar a la matriz más limpia que nuestro sistema soporte técnicamente.

Es probable que, en la primera etapa, la trayectoria óptima no sólo considere mantener en operación las centrales de gas natural existentes, sino que, pueda implicar un aumento de la capacidad de almacenamiento de GNL y la instalación de una o dos nuevas centrales por un período acotado de tiempo. No ayudaría en este caso el decretar por ley la prohibición de inyección de centrales térmicas a partir de 2030. Prohibición que muy probablemente no podrá ser cumplida y dará paso a una nueva modificación legal, pero el daño ya habrá sido causado.

Es relevante recordar las enseñanzas de la crisis del Gas Natural Argentino, cuando por un período de tiempo, todas las inversiones en generación se basaron en Gas Natural, por ser la alternativa económica y técnicamente imbatible, hasta que, repentinamente se nos limitaron a mínimos las importaciones de gas natural. Las mayores centrales a carbón que operan en nuestro sistema son directa consecuencia de esta crisis.

La descarbonización y la sustitución de la energía térmica es un objetivo relevante en el que todos estamos comprometidos. Es valorable el reemplazo por energía limpia que se ha ido produciendo, y se debe impulsar su profundización de manera progresiva, pero sin poner en riesgo la estabilidad y seguridad del sistema, y sin poner sobre los consumidores cargas económicas excesivas.

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